Pablo Rojo y su esposa (fuente: gentileza Laverdadonline.com.ar)

Donó sangre y 15 años después salvó una vida

Pablo Rojo recibió un llamado que le cambió la vida a él y a un paciente enfermo de leucemia que esperaba un donante compatible de médula ósea. El hombre, oriundo de Junín, relató su experiencia. 

En junio, Pablo (foto) recibió un llamado telefónico que se relacionaba a algo que había hecho hacía 15 años atrás durante una colecta masiva de sangre en la ciudad de Junín. Él se había presentado a donar sangre, como solía hacerlo, ya que estaba anotado en el banco de donantes y ese mismo día le preguntaron si deseaba ser donante de médula ósea y, sin dudarlo, aceptó.

Pablo resultó ser compatible en un 100 por ciento con un paciente que esperaba un trasplante de médula ósea y contó a Laverdadonline.com su experiencia.

“Yo fui a donar sangre, acepté ser donante de médula ósea y entonces me hicieron un cuestionario con muchas preguntas. A partir de ahí me anotaron, me sacaron sangre como donación pero me tomaron un par de muestras que mandaron a analizar. Al tiempo me llegó una carta que decía que estaba anotado en el banco de sangre y que podía ser donante de médula ósea. Hasta aquel momento lo único que supe fue eso. Doné y me olvidé”, contó.

“Hace un mes y medio me llamaron a casa y me dijeron que había un paciente que posiblemente era compatible conmigo. Los análisis que tenían daban bien pero obviamente había que repetirlos para confirmarlo”.

“Me mandaron información por mail, me llamaron nuevamente. Yo dije que estaba dispuesto, más que nada por algo que había pasado con mi viejo y me había costado tanto conseguir donantes, entonces dije, esto hay que hacerlo, desde el primer momento yo no dudé”, recordó Pablo.

“Me pusieron en contacto con una persona que trabaja en el banco de sangre de acá (por Junín), que funciona en el ex Hospital San José. Me tomaron una muestra de sangre que luego fue enviada a Estados Unidos para hacer un control final. Es un examen genético en alta resolución del cual en veinte días más o menos supimos los resultados”, detalló.

“Yo hasta ese momento no sabía cómo se donaba. Cuando me dicen que di 100% positivo fue una alegría enorme. Ellos mismos, del INCUCAI te llaman con alegría”

“Solo en un caso de cada cuatro, a un enfermo de leucemia le puede donar un familiar. De cuatro casos, solo uno. Esa es la estadística. La compatibilidad es de uno en treinta mil en general, con alguien que no es familiar. Es realmente fortuito”.

El equipo médico que intervino le informó a Pablo que había dos métodos para realizar el trasplante:

“Uno es a través de una punción directamente en la cadera, que es un método que se usa poco y se pide en casos especiales. El otro es el de recolección, que se usa el 98% de las veces. Te ponen en una maquinita que filtra tu sangre y separa las células CPH que necesita para pasarle a la otra persona. Es algo muy simple y yo estuve tres horas y cuarto. Nada. Con la gente del INCUCAI, mirando tele, charlando”.

A las 13 horas del mismo día, Pablo salió del Hospital de Clínicas y se fue a almorzar con su esposa.

“Comimos, salimos a caminar. Yo seguí mi vida totalmente normal”, recordó el donante.

Para realizar el procedimiento de aféresis (recolección de médula ósea a través de la colecta de sangre) el INCUCAI solventa los pasajes, la estadía y el traslado para que Pablo pudiera ir con un acompañante. También las vacunas que días antes del trasplante le aplican al donante.

“Todo el tiempo te informan todo. Y desde que el resultado da positivo ellos están en contacto permanente porque a partir de ese momento es un reloj que empieza a marchar. Yo al principio no era consciente de esto pero cualquier cosa que te pase –un accidente, un corte profundo- puede frustrar la donación”, aclaró Pablo.

“Hasta el último momento podés arrepentirte. Si no te arrepentís, firmás un consentimiento y hasta ese momento el compromiso es solidario y voluntario.A partir de allí, lo que sigue es mucho menos complicado”, relató.

“Los chicos de INCUCAI llamaron cuando salían rumbo la intervención del paciente que estaba inmunodeprimido. Es un equipo de trabajo increíble y hubo mucha emoción”

Conocer al receptor

Pablo tuvo la posibilidad de escribirle una carta a la persona que recibió sus células progenitoras, pero con cuidado de no brindar ningún tipo de información de contacto ya que por protocolo no deben conocerse donante y receptor luego de un año.

“Para conocernos tenemos que estar de acuerdo los dos. Si él o ella quiere conocerme algún día, yo estoy dispuesto. No estoy dispuesto a generarle una necesidad de agradecimiento”, advirtió.

“No quiero eso, no me gusta. De hecho no soy muy amigo de estar hablando pero lo hago porque se que es necesario para concientizar”.

“Con tantos habitantes, en el país hay solo entre ochenta y noventa mil donantes de médula ósea. Falta mucha conciencia”, aseguró.

Para ver la nota completa: La Verdad

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