Vivir después de la desesperación

Norma Centeno (63) cuenta el cambio que hizo en su vida luego de recibir un trasplante hepático. 

Por Camila Re

Norma Centeno tiene 63 años. Nos recibe alegremente, con sus dos nietos que cuida todos los días. Sin embargo, al entrar en su casa lo que más sorprende no son todos los juguetes tirados sino la enorme virgen que se encuentra en una esquina, llena de cartas y velas prendidas.

Ella hace 6 años atrás, recibió “la peor noticia”: necesitaba un trasplante de hígado con urgencia para poder volver a vivir con normalidad. Hacía poco tiempo que se habían mudado del campo con su esposo a una acogedora casita de barrio en Oncativo (Córdoba) y todavía se estaban adaptando.

Con lágrimas en los ojos, las que le van a brotar muchas veces a lo largo de la charla, nos cuenta: “Un día, me llamaron a las 10 de la noche que tenía que irme urgente a Córdoba porque estaba el hígado. Yo no podía creer que pasara eso después de cuatro meses de espera, pero a las 3 de la madrugada entré en cirugía. No tuve tiempo ni de pensar lo que estaba pasando. Después de ocho horas en operación, cuando me desperté solo pude preguntar cuándo me iban a trasplantar”.

Su recuperación fue bastante rápida, ya que solo tuvo que estar siete días en terapia intensiva, y otros siete en una sala común.

“Si me curé rápido fue por la ayuda de mi familia, que estaba pendiente de mi. Aunque nunca tuve que hacer reposo permanente, tenía que tener muchos cuidados y horarios específicos, por eso mi marido dejó su trabajo para poder cuidarme”, nos relata Norma sobre el posoperatorio.

¿Cómo fue el día que volviste a tu casa?

Apenas me bajé del auto, me largué a llorar porque estaban mis hermanas y todo el resto de la familia para recibirme. Pero cuando entré, tocaba todos los muebles y las cosas pensando que había vuelto a mi casa y que estaba viva. Agarré la virgen para agradecerle y abrazarla. Me temblaba todo el cuerpo de los nervios y la emoción, así que mi hija la sostuvo porque es muy pesada. Pero ella es una de las que me salvó.

Si ella es una de las que la salvó, ¿Quiénes son los otros?

Los médicos, que hicieron que yo les depositara toda mi confianza. Y además, ellos me ayudaron a que la mutual me cubriera todos los gastos, porque con mi condición económica no podía.

Ya pasó la instancia de ir todas las semanas a control; ahora solo lo hace cada tres meses cuando le realizan 11 análisis juntos. Además, todos los días toma la medicación indicada, pero ella está agradecida de la operación porque ahora volvió a vivir. En pocas palabras, y otra vez emocionada, dice que vive más tranquila que antes, que solo hace lo que le gusta y le hace bien.

“Aprendí a perdonar a todos e intentar que todos me perdonen. Soy más afectuosa, trabajo menos y disfruto más, porque me di cuenta que la vida es muy corta”, nos dice Norma.

¿Qué consejo le daría a la gente sobre la donación?

Que se informe, que no sea reacia a donar porque es lo más lindo de la vida. Hay que ayudar a otras personas porque nunca sabes cuándo vas a necesitar ayuda vos.

 

Nota Editorial: El protocolo de donación de órganos es administrado únicamente por entes oficiales de procuración, ablación y trasplante. Registrate como donante de órganos y conversalo con tu familia, sólo así podrás ayudar.

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